Thursday, April 29, 2010

Y que no te acabe un cuchillo o una bala...


Leía a Elliot ayer y me dije de pronto... viejo, algún día tienes que bajar de tu parnaso, y del de los otros, y ponerte a mirar la tele con unas aceitunas o salir a comprar tabaco para fumarte uno sentado en la taza del váter mientras escuchas a la vecina de abajo cómo regaña a voces a los críos... algún día tienes que volver a conectar tu teléfono celular para recibir mensajes publicitarios y preguntarle a la mujer que barre la escalera que cómo anda su familia en Argentina... tendrás que volver a ser el mediocre que realmente eres, viejo, y discutir de fútbol en el bar o comprar un cupón de la ONCE y luego dar las gracias al funcionario de la Seguridad Social que te reclama un diez por ciento de recargo por retraso en el pago... un día de estos tendrás que volver a salir con el paraguas negro a la calle para sentirte estúpidamente feliz porque no llueve y pedir unas patatas con mayonesa en el bar de arriba o aguantar diez minutos de cola en la oficina de Correos, y hacerlo sin pensar en las guerras presentes o en lo absurdo de escribir un poema... un día de estos tendrás que pedir al camarero que te suba el volumen de la tele de la cafetería y sonreirás a la vieja gruñona de enfrente y comprarás el pan a 0,85 euros mientras haces algún comentario soez sobre los políticos y la crisis... porque, viejo F, el tiempo se acaba y no puede pillarte el final sin ser un hombre normal y corriente, uno más de todos esos tontos de baba que se pringa el espíritu con la mierda diaria... que todos deben concluir en que fuiste un ser humano tan despreciable como cualquiera, coño, tan herido de normalidad como el resto de quienes se cruzan contigo a diario...
Y que no te acabe un cuchillo o una bala, no jodas, que no queda nada bien en los currículos hablados del día después.

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