Llegó la bella Lucila Juan Herrero desde la isla de Cuba cargada con ron viejo y un cartón de tabaco negro H. Hupmann para agradecerme el ‘trabajo’ [nunca lo fue] de invitarla a visitar España. La vi absolutamente feliz y realmente hermosa, aunque un puntito de nostalgia y de temor asomaban por sus ojos expresivos y grandísimos. Sentí de nuevo esa sensación magnífica que queda siempre que se echa una mano, y me acordé de la insistencia de meses del colega Ramón para que hiciera algo por Lucy [a él le debe sobre todo esta nueva amiga cubana el encontrarse hoy en tierra hispana]. Y con esto me quedé feliz y el día se me hecho completo hasta el punto de no sentir la necesidad de escribir mucho más por hoy. Aún queda esperanza. Bienvenida, Lucy, y mucha suerte… y gracias, Ramón, por empujarme a estos asuntos que llevan alimento del mejor para mis ganas.
Van cayendo los días y también van cayendo las empresas al amor de esta jodida crisis. Esta mañana, sin ir más lejos, se me torcía el desayuno al saber que dos empresas fuertes de la ciudad me habían devuelto pagarés por cantidades importantes [una lo había hecho por quiebra y la otra por suspensión de pagos], lo que me dejaba con el culo al aire y con esa sensación agria de que no está en mi mano solución alguna. La cosa está en dejarme llevar y esperar a que los sucesos se tornen favorables antes de que la situación se torne insostenible… vamos, apretar el culo y aguantar el tipo para ver si los políticos toman las decisiones justas para que volvamos a tomar las riendas de la situación. Ya veremos. Y por lo demás, pues nada, que la vida sigue al mismo ritmo que la muerte, y la primavera alumbra colores que conforman un decorado que rechina justo detrás del teatro de los hombres. Y que debo acordarme de las visitas y el afecto de mis amigos durante los últimos días [la marcha de Magdalena me hizo olvidar la anotación puntual y agradecida], que vinieron Emilio González y señora [un puntazo de tía que me cae de puta madre] acompañados de su delicioso Fernando [Fer], y vinieron dos veces [aunque no les pude atender como se merecen] y cargados de aceite del de rechupete, vinagre del caro y dulces judíos de relamerse… que estuvieron conmigo Fernando y Fabio R. De la Flor y me dejaron libros y ese constante testimonio de amistad buena que tanto agradezco… que me llamó José Luis Morante y que también lo hizo José María Cumbreño… que recibí abrazos interneteros y telefónicos de Donce, Jesús Majada, Sinda, Lorena, Riobó, Ángel Pasos, Guadalupe, Ramón Hernández Garrido y otro montón de gente, y que les digo que son hermosos y que los quiero de verdad a todos y mucho. Y nada más, porque aún no tengo ganas, o sí… quizás de comerme un cordero con todos, un cordero regado con buen vino, y cantar juntos y emborracharnos hasta caer al suelo, y dejar que todo fluya y que el mundo sea nuestro para hacer con él lo que nos apetezca.
Tener a un amigo que es el dieciocho de España en la cosa golfera y a otro que es experto en físicos finales… compendia. Ya los definió el inefable Alejo Riñones con aquellas antológicas declaraciones suyas de alcalde aznaro: “Vamos a hacer en La Cerrallana un cementerio de nueve hoyos”, que resumían el verdadero espíritu de un proyecto con su más allá y su más acá, uniendo golf y óbito en un tandem perfecto. Pues mis amigos cafeteros han sido capaces de llevar a términos de posibilidad vital/mortal ese proproyecto emblemático del ‘subrealismo’ alejiano [ahora que se habla tanto de ideología, sería un buen momento para recuperar el espíritu y el pensamiento brillantísimo y anonadante de nuestro exalcalde para llegar a un nuevo liberalismo apoyado en el puntillismo político, en la gracia angelical, en la confusión desternillante y en el cocoricó esperancero que tuvo comienzo en la señorita Sara Mago]. Y que no haya crisis sin risas, porque de la hilaridad se le saca puntita a los impagos y hasta se le borran a uno de la cabeza hasta acabar diciéndose a uno mismo “perrea, perrea…” y hacer que todo quede en sátira y no solo en mordisco. Y visto el panorama, pues que habrá que hacer cursillos –con dinero europeo, por supuesto, y título con los logos UE y CEPYME– del arte tocomocho, prácticas de landrú con fondos FAES, másteres en zorolo de calle y en gestión de milongas, un taller de idiotez persistente de promoción INEM… y cualquier otra disciplina que nos lleve a formarnos en habilidades específicas para superar estos tragos marrones. Hoy me dio por reír mientras caía un granizo regordo y blanquito, mientras en Piel de Toro montaban farolillos con retraso para hacer una semana andaluza con tintes gallegos [que si rabo de toro, que si soldaditos de pavía, que si chocos, que si pescaíto frito…]. Y una música triste, de guitarra rasgada a pura yema, ponía el contrapunto de este jaleo hermoso: Béjar arruinada y cantando sevillanas mientras se cae el cielo en cristales helados. La vieja hoy no ha salido a la ventana.
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Y llega la luz también en los días nublados, con dos cojones.
¡¡¡YOUSSOUPH YA TIENE PAPELES!!! Mil gracias a Jesús Caldera, a José Antonio Sánchez Paso, a Jesús Málaga, a Ramón Hernández Garrido, a Juanito Caldera, a Cipriano González, a Ana Muñoz de la Peña, al MPDL de Extremadura, a Miguel Sánchez Paso, a Javi Coca-cola, a los amiguetes de La Valenciana, a Paco Tejeda, a Antonio Garrido, a Juan Martín Tiedra, a Reyes Camarasa, a Ricardo Luis, a Juan Carlos Martín... y todos los amigos buenos que nos han ayudado a mantenerle durante estos larguísimos tres años. You está absolutamente feliz y Juan Hernández Heras y yo os damos las gracias por acompañarnos y darnos calor en este difícil proceso.
Según el tonto entender del hombre, el pulso de la vida es creativo y el de la muerte es destructivo… y la tendencia de uso tiende a ser siempre separada, cuando la realidad incide directamente en la conjugación de ambas pulsiones. La muerte y la vida son el mismo azar y vibran en la misma cuerda. Por tanto la muerte no es fatal si la vida la completó, aunque sí inexorable, como no existiría una vida plena si no se coronase en la muerte. Así, muerte y vida son parte del mismo concepto, parte inseparable. Es por ello que debemos trabajar en compartir ambos estados tanto desde lo interior como de lo que nos viene de fuera. Ayer completó su vida un buen amigo y un excelente compañero ideológico: Jorge Martínez Herreros, y lo hizo dejando el valor de la idea común como ejemplo practicable, como lucha del hombre imperfecto en aras de la superación y de la mejora, de la igualdad y de la justicia. Sus pasos socialistas, independientemente de las formas distintas de apreciar la acción sobre el sistema humano, fueron encaminados a la búsqueda de un progreso necesario para el que siempre tuvo palabras y gestos preclaros. Yo aprendí de él el valor de la militancia activa y el sacrificio personal necesario para elevar el ideal a la calidad de praxis [junto a Jorge, me enseñaron también Miguel Miñana, Higinio Mirón, Ángel Calvo Meirama, Cipriano González y Ramón Hernández Garrido]. De ellos aprendí lo duro que puede volverse el compromiso social y lo empecinado que debe encenderse el carácter para aguantar los empujones y el dolor de las heridas. Jorge luchó por su gente –nosotros– desde una ética intachable, manteniendo la sonrisa en los peores momentos y poniendo su fuerza más hermosa cuando había que sumar. Eso hace que una vida pueda verse completada y propicia que la muerte se haga tranquila a los demás. Va mi saludo último y todo mi respeto al compañero socialista que ya habita en mi memoria especial, en la que guardo a los hombres capaces de intentar un mundo nuevo.
••• No hay que ver la desaparición como una ruina sobre la que incorporarse, sino como un paso dado, un valioso paso que continuar desde el hombre hasta los hombres. (17:27 horas) La tarde salió de locura por la luz que derrochaba el cielo y tal asunto pedía echarse la Nikon al hombro y dar un paseíto para cazar alguna toma. Nada más salir de mi estudio me recorrió la sombra de una cigüeña volando sobre mí. Armé mi cámara y la perseguí en su vuelo hasta conseguir un resultado que me dejase satisfacción. Después de la cosa capturera, me senté un ratito en el patio del palacio ducal bejarano para pensar con la sierra al fondo. Un anciana caminaba solitaria por la Plaza Mayor dejando una estela de tristeza en el lugar [también la cacé para mí] y me recordó a mi abuela Antonia en sus días de crisis más encendida por la falta injusta de su hombre, esperando cada día a que llegara la muerte, sin sonreír, sin hacer otro gesto que no fuera de rabia, sin perdonar [porque el perdón a veces es una claudicación]. Dos gitanillos fumaban y reían entre los soportales al amor del sol de la tarde, y su risa sonaba como una triste ironía de la vida. Las cigüeñas dominaban el cielo con lentitud y elegancia. En la tierra sobrevivíamos los hombres sin demasiada prisa. El sol caía buscando ponerse. Jo.
Recibo con sorpresa varios paquetes del nuevo amigo frances Henri Deluy [acercado hasta aquí por la mano perfecta de Belén Artuñedo], una hermosa montonera de libros con remite en Ivry-sur-Seine: ‘L’anthologie arbitraire d’une nouvelle poésie’, ‘Troubadours galego-portugais’, ‘Poemas’ [una edición bilingüe francés/castellano de creaciones de Henri], ‘Nomenclature’ [poemas traducidos al francés de Paul van Ostaijen] y dos números de la magnífica revista francesa que dirige Henri, ‘Action poétique’. Me da la impresión de que voy a ir descubriendo poco a poco a nuevos poetas con otros paisajes y otra forma de respirar, pues el hojeo/ojeo ha sido prometedor. Y al ratito llega Ramón Hernández Garrido, de pronto, con prisa, y me deja unos libros para repartir entre Antonio G. y yo. Tomen nota: ‘Heterónimos’ y ‘Ortónimo’, de san Fernando Pessoa y en su lengua original… Con el material adjuntaba Ramón un cartoncito de Chester luso… Mil gracias, hermano, por las hermosas letras y por el humo delicioso. ¡Qué suerte tener amigos que te regalan libros, coño! (22:15 horas) Jo, qué guay, ya he descubierto los textos a courier vieja de Bernard Heidsieck, a Liliane Giraudon y a Christophe Chemin con su cómic poético ‘Mno, poète defroquée’, las formas de István Kemény, ‘Le coquillage d’Hardelot’ de Claude Adelen y los juegos casi infantiles de Paul Nagy… todo un universo nuevo que me anima un montón a ir recuperando mi francés [más aún que los ratitos compartidos con Youssouph]. Antes había tomado café en PdT con Juanito, Pedro y J. L. R. Antúnez, y ya noté que el día era propiciopara pillar una conversación interesante [que ya es difícil tal y como anda el personal]. Convinimos todos en que no existe el flash creativo ni la iluminación, que todo es fruto de un trabajo constante y del empecinamiento en la búsqueda. Otra cosa muy distinta es trabajar la percepción constantemente, como sin querer, y llegar a un instante en el que todo es capaz de ser volcado en unos versos, en un dibujo rápidos que resultan magníficos… todo lo realmente valioso es fruto de un trabajo empecinado, siempre… por eso me río de fenómenos tan fantásticos como, por ejemplo, el de Elena Medel. En fin, que seguiré leyendo en francés por unos días. (22:48 horas) Y de pronto me encontré de golpe con un juego de espejos y no me resistí a sacar la Nikon de su bolsa para lanzarme a ese infinito de imágenes reflejadas que eran como aquellos versos de Martínez Sarrión: ‘… el disco otra vez, otra vez, otra vez…’. Me detuve casi un cuarto de hora metido en aquel juego y soñando un universo borgeano de suicidas imposibles por pura repetición. El café de después me supo a gloria y el tiempo se me hizo corto y larguísimo. Los espejos, en fin, eran horteras desde sus justos marcos, pero sirvieron para troquelar mi cabeza y forzar un par de aforismos que me guardo para ‘Savonarolia’.
Otro día de palo con cabeza, de mantones bordados de oro y plata, de carísimas coronas sin espinas visibles, de gentío enredando en su doble moral, de misa con campanas sonando a mesa puesta, de luz como aturdida, de mirador y salve, de pijos entre andas y alzacuellos, de curas rebozados en esa orfebrería que hace exotérico el engaño más prosaico que es como el oficio más antiguo del mundo, de turistas risueños, de bejaragüis rimando en mamoneo y gasto, de vinorro y toritos, de agotar… Y yo escondido hasta que pase el temporal de gente y su calor artificial. Mi fiesta personal es la que está en mis amigos, y rediez que la tengo [la estoy teniendo]. Ayer llegaron a primera hora de la tarde Laura Granados y Jesús Vázquez con su santa de porcelana [yo estaba ya charlando con Albertito Hernández]. Tomamos un café destartalado por mi prisa y los noté seguros, metidos en lo suyo hasta las cejas y hasta la muerte. Charlamos muy poquito y los dejé atusarse para cumplir mi cita con Ramón y Antoñito en ‘La otra casa’: un café con copita, charla de buen ambiente y algo de puesta al día en sonrisas y lágrimas [Ramón está feliz en su destino luso y ha recobrado el brillo en la mirada y la sonrisa relajada que yo ya conocía de hace años… me alegro mucho, hermano]. Después del relaxán [‘La otra casa’ es perfecta para tomar oxígeno y pillar punto exacto], vuelta a mis coleguillas ‘Libertad 8´, esta vez con Paquito Ortega y Jessica sumados al cafetín PdT. Hasta la noche todo quedó en pequeñinos asuntos familiares, ratito de piscina y un trocito de hornazo con cerveza. Y luego a la movida cantautora, con Laurita destapando a lo bestia ese chorro de voz que impone y sobreexcita [me sacó erizamientos, ganonas de gritar ‘¡con dos cojones!’ y ese fuego divino de volver a ponerme sobre el blanco impoluto de un papel para escribir sin pausa]. Jesús estuvo lacónico en la voz y adornado en el gesto, brutal en el punteo [puede que hasta exagerado en algunas ocasiones] y brillante en el uso de la escena [el puntazo mayor fue que obligara a subir al escenario para hacerle los coros a Youssouph y a Malick]. Y la niña Zahara se hizo descubrimiento sorprendente con esa candidez de tez picante que hace encender los ojos y los guiña [tiene futuro para no parar la criatura]. Y del canto al bebercio, con sede sideral en La Alquitara, a la conversación rechula, al abrazo y las risas, a apurar la nochecita con mi gente mejor [Juanito, Paco Ortega, Ricardo, Jesús Márquez con su hermano y la niña de porcelana, Antoñito y su Nena…]… y de segunda etapa, para llegar a meta, copita en chez PdT con Rufino y pareja, Pedrito, los mentados de antes, Charito muchamarcha, Jacintillo, la nenita Novelty… y a dormir como un santo civilito y profano, virgen hasta las cachas, con un puntito guay, sin sueño… eran las cuatro.
Cada día suele acuñar en mí tantos arrepentimientos como claudicaciones. Los anoto, porque ya soy un tipo mayor y prefiero anotarlos que sufrirlos, pero, en suma, percibo que van haciendo mella aunque me resista a que sea así. Ayer por la tarde tomé una decisión absurda que en su momento me pareció pequeña: no asistir al espectáculo ‘Th’as Flamenco’ que el ayuntamiento bejarano había preparado en el Teatro Cervantes bajo el sabio consejo de Paco Ortega. Decidí no asistir porque andaba algo cansado de bullicio y decidí tirar la tardenoche en absoluta soledad, escribiendo, intentando en vano un poema imposible que persigo desde hace semanas. Cuando decidí salir de mi soledad, solo se me ocurrió acercarme a tomar una copita y a echar un vistazo al recinto que reúne las fiestas bejaranas. Me acodé en la esquinita caliente de la barra Alquitara y me pedí ese Havana 7 con cola y limón que llevaba pensado y repensado durante toda la tarde [antes saludé a Ramón Hernández Garrido, que andaba disfrutando la noche bulliciosa con Pilar y su gente]. Mi plan iba cumpliéndose despacio: pasear entre el lío fiestero en soledad, observar a la gente y anotarla, saludar a Miguel y tomarme esa copita pensada mirando y rebuscando indicios que sumar a algún cuerpo de poema. El primer sobresalto llegó de Carlos, el hijo de Ramón, que se acercó hasta mí, me apretó la mano y me dijo que había disfrutado con sorpresa de mi novela ‘Nos vemos en el Cielo’ y que tenía ganas de decírmelo [noté con satisfacción cómo las generaciones solventan sus saltos y sus distancias en la literatura… y sentí que mi trabajo creativo no es tan vano ni vacío como a veces lo siento]. Gracias, Carlos, por tu lectura y por ese afecto nacido de ella. El segundo sobresalto vino de la mano de Paquito Ortega. Se presentó en la fiesta con su grupo de flamencos a tomar unas copillas después del trabajo: Abrazos, presentaciones, sonrisas, charla… y una luz especial que encendieron sin más las hermanas Demartos [la una bailaora/bailarina/diosa y la otra pura dulzura en la risa y los ojos]. Solo ver a Asunción ya me hizo arrepentirme de mi jodida ‘decisión pequeña’ de la tarde. No fui a verla bailar y me perdí un paraíso de sensaciones comentado con admiración por todos los cercanos que sí asistieron [esta mañana he mirado absorto los videos de su web –www.asunciondemartos.com– y me he quedado prendado de la sensibilidad en movimiento de ese pedazo de mujer y de artista]. Otro arrepentimiento más que sumar a mi lista infinita [y éste de los grandes, pues a mi edad ya solo me alimento de la plasticidad que me entra por la mirada]. Y con ellas, las hermosísimas chicas Demartos, el cantaor Ángel Pastor, serio y cercano, armado en la fuerza de su voz y en la potencialidad interpretativa que maneja [me gustó verlo serio y centrado –concentrado– en todo momento, como garantizando una calidad que se extiende fuera de la voz y del escenario]. Y la noche ME llevó hasta mi casa en compañía, rompiendo por el lado del gozo ese proyecto solitario que yo había previsto. Charlé en profundidad con Blanca Cerrudo [entusiasta y positiva siempre], reí con Paquito, fumé con Ana, me quedé prendido de la genética sonrisa Demartos, pensé en la coherencia figurada de Ángel Pastor, abracé a Miguel, festejé a Juanito, disfruté de las ocurrencias de Pedro… y pasé frío y calor [por dentro y por fuera… y en calidades diversas]. Cuando llegó mi Felipe hasta el punto de encuentro [lo hizo a la hora exacta], me retiré a mi casa con un sentimiento entre triste y alegre… no haber visto bailar a Asunción Demartos… pero haberla visto sonreír frente a mí… ¡Me caixo en Soria…!
Los bejaranos otorgaron ayer por las urnas un mandato municipal de cuatro años a la candidatura encabezada por Cipriano González. Estoy contento por tal circunstancia. Cipriano y su equipo tienen ya lo suyo [de alegría por pasar a labores de gobierno, de dificultad por la herencia que van a recibir y de responsabilidad para gobernar de forma reflexiva, eficaz y para todos]. Y como tienen ya lo suyo, pues que yo prefiero dedicar hoy esta entrada a Ramón Hernández Garrido, al que imagino medio satisfecho en su dulce exilio lisboeta. Resulta que ayer brindé por Ramón y por mi madre en la sede de la Agrupación Socialista Bejarana justo cuando conocí el resultado de la última mesa escrutada, una del barrio de La Antigua, y lo hice porque ambos contienen esa impronta de los hermosos vencidos que tan estéticamente marcó L. Cohen en su libro del mismo título, una impronta que me llena de sugerencia y de sensaciones agridulces, pero, sobre todo, que me encanta como modelo de resistencia. El ‘valor’, a veces, es sobrepasado por los hechos, quedando de forma circunstancial en una sombra de dignidad que apenas alimenta otra cosa que la decepción y el cansancio. Cuando esto sucede, el único soporte posible reside en el tiempo, en saberlo gestionar y en cuidarlo como sala de espera de la que salir un día con la sonrisa puesta y vestidos de la tranquilidad que otorga la fidelidad a uno mismo. Amigo Ramón, no vencen los hombres, jamás lo hacen, pues no depende de su valor intrínseco la victoria, sino que vencen las circunstancias [a las que no sabe dominar ni su puta madre]… ellas ubican o barren, elevan o silencian sin posibilidad de valoración lógica de méritos o deméritos [una circunstancia no contiene la capacidad de razonar]. Es algo así como el juego de los dioses que ha presidido, influyendo siempre, todos los más importantes capítulos de la Historia: todo dependía de que esos dioses fueran o no fueran propicios… El azar como variable definitiva y definitoria. No es un buen día para estirar las palabras de largo [ando con graves problemas de concentración últimamente], por lo que me arrimo a la tirada corta y te dedico un breve florerito de pensamientos últimos, que van para ti igual que para mi madre. Son vuestros: • La volubilidad es una capacidad de la culpa que aminora el dolor… pero también es una trampa. • Sólo triunfa quien es capaz de sonreír ante sus propios fracasos. • A la felicidad se llega por falta, no por abundancia. • La coherencia admite errores, pero no claudicaciones. • El mayor pecado social es el de connivencia. • Nunca se está solo, aunque sientas la soledad… Mira al recuerdo de tus padres. • El dolor es salvífico porque te indica que estás vivo. • No te honrarán tus posesiones, lo harán sólo tus cercanos. • No importa lo que digan… importa que puedan decirlo y tú lo facilites. • Entusiasmarte es un signo de que estás siendo vencido. • La mayor de las venganzas es, sin duda, el desprecio. • La adulación hace despreciable a quien la practica. • La agudeza es la aristocracia de la palabra. • Esmérate en sufrir más por el dolor ajeno que por los triunfos de tu enemigo. Vivirás mejor. • Un demócrata en el baño es un hombre solo. • Siempre fue más dulce ser víctima que verdugo… pero a la larga [y si sobrevives]. • La disciplina crea conformistas… Sé indisciplinado. • Un gran hombre puede ser cualquiera que se rodee de cientos de mediocres y les haga llorar o sonreír. Luego la grandeza sólo la otorga la mediocridad. Saudade, hermano.
Ayer eché la tardenoche en asuntos de campaña, y lo hice con felicidad, recreándome en la suerte. Se presentaba la candidatura PSOE en el Convento de San Francisco y me tocó hacer las fotos del grupo, que me lo había pedido Cipri. Sentí ilusión y cierta prevención para expresar el análisis de lo que pueda llegar: ilusión, porque se trabaja en un ambiente positivo y sosegado, que ya es para nota tal y como están las cosas, y prevención por asuntos tales como el voto jubilado, la decisión de los jóvenes y la proyección de UPS.
AGUADA SAN FRANCISCO Armaban los arcos sanfrancisco un pleno al quince al que sólo le faltó Jesús Caldera. Demetrio Madrid, mayor de cojones, dejando su impronta de ética política por los sacros rincones del convento [no le abracé por purito pudor, pero le tengo ganas] mientras iban llegando dinosaurios mezclados con los nuevos valores (?) y gente ilusionada [la de siempre jamás]. Hicimos la sesión sin estridencias: el grupo en entreluz con toma al frente, grupo con fuente al medio, el grupo apretadito en toma semicenital… Posaron bien, que no es un mal principio [y aunque la luz ya era baja, las tomas fueron realmente aceptables]. En los previos al acto pude besar a mis padres y a mi tía Toñi, mirar con desconsuelo y buen recuerdo a Belén y señora, charlar con don Higinio [Mirón de los mirones], saludar a Miñana, reír con Ana un rato, picar a mi Marina, hacer reír a Cipri [en tal trance era fácil], saludar al alcalde de Guarda de parte de Ramón, ver turbarse a mi Alba… Y empezó el acto con un duro [largo] discurso de corte historicista del mayor de los Paso [es de recibo a veces ser breve en estos actos]… y luego el tal Melero, que me echó de la sala sin más [la culpa es algo mía –no toda–, pues aún tengo clavada la expulsión que sufrí del mismito Adelanto por hacerle un artículo]… el caso es que me salí al amor de un cigarrito y me abracé a mi César [que hacía ya mil años que no nos abrazábamos], reí con Lola un rato, le hice una foto a Juanito Caldera y me tomé unos callos con Cesarín y Antonio en El Bodegón. En fin, que veo oportunidad si algunos como Melero no se meten por medio, si dejan que Cipriano module su campaña y dé mensajes claros, que los tiene y a cientos. Salud y suerte. (16:19 horas) Palabras para el colega Cipri: La mejor forma de defenderse radica en escoger el enemigo preciso de antemano y meterte en un problema sabiendo que es un problema. El sufrimiento viene siempre de la ignorancia y de la sorpresa, de no haber medido que en la esquina siguiente hay un fracaso posible o un puñal con grave querencia de tu espalda. Si escoges el enemigo incorrecto, dejarás tus flancos al raso de los golpes. Otra forma de defenderse, amigo, es la literatura. Decir con ella a todos, incluso a la vida, que sabes sus dobleces, que entiendes su proceso destructivo, que anotas sus carencias y haces rol de sus sórdidas miserias. También está la risa, amigo Cipri, hacer de todo chanza como si no importase, mientras tomas lo bueno como propio y el resto lo derrites en sarcasmo. Así pues, compañero, mide bien la estrategia que precisas, sopesa con rigor a tus contrarios y no pienses que estás a salvo nunca. El enemigo es pequeño sólo si tienes bien trazada su geografía. (22:07 horas) Mierda de ‘Spiderman III’. La tarde perdida con Malick y los críos viendo ese petardo de película. Gracias a que hicimos acopio de palomitas y gominolas y nos dimos un banquete a oscuras. Mi Guille medio dobló, y eso que es un crío de miedos y asombros. (22:12 horas) La catarsis del arte o el arte catártico, amigo Alberto, es un aspecto interesante sobre el cual debiéramos charlar alguna tarde. Esa idea de destrucción/autodestrucción buscando salida en la palabra o en el gesto plástico es algo que me inquieta, pues no sé si en muchos de mis planteamiento expresivos [y en los tuyos] hay algo de eso flotando constantemente. A veces un dolor me llega hasta el punto insoportable de pensar en caer vencido; es entonces cuando afilo mis palabras e intento usarlas como esa bomba atómica que elimina lo propio y lo ajeno. Y mi suerte es la palabra, verbalizar lo que de autodestrucción me llena y, por tanto, evitar así el plástico romperse de lo físico. Tal salida verbal me equilibra siempre, pero jamás sopeso si es desequilibrante para otros.
Porque una ética puede ser buena o mala, y siempre según el punto de vista que tomemos, una moral también puede ser buena o mala por las mismas circunstancias. Mientras que la primera toma función en los valores [que pueden ser de orden material, sentimental o espiritual], la segunda se expresa en las normas y los usos de esos valores. Así, una buena ética puede llevarse con una moral perversa o una ética nefasta puede enmascararse con una moral decorosa. En todo caso, cualquiera de las percepciones que suponen una ética y una moral son falsas de base, pues su desarrollo implica la suposición de que hay otro que va a tomar mis parámetros como comparación e incluso como forma de uso vital… y esa suposición, por serlo, ya es de partida irreal. Así, yo le doy un valor a la amistad y supongo que tal valor es par en quien va a recibirla… a la vez, presupongo unas normas para que esa amistad camine, y también imagino que quien recibirá mi amistad va a tenerlas en cuenta y a cumplirlas. Si el valor de la amistad y las normas de uso no concurren en mi amigo, ¿podré decir que es mi amigo?, ¿podré hacerlo cuando yo he marcado el territorio de forma individual?, ¿entraré yo en los presupuestos de valor y norma que mi amigo tiene sobre la amistad? Generalmente terminamos convocando las coincidencias y dejándolas reposar con tiempo y distancia… pero ni la ética es la misma, ni la moral es exacta. De ahí que siempre tire a buscar/encontrar una idea de individualidad que no requiera del otro más que aceptación o repulsa, de tal forma que quien me acepte acabe encajando en mi presupuesto valorativo y normativo. Es jodido llegar a una buena impresión de este concepto, lo sé, pero es interesante pensar que aporta solidez frente a la realidad nebulosa de lo moral y lo ético. (17:17 horas) Cambio de hora con sueño perdido y un jodido virus que se ha hecho fuerte en el vientre de mi Felipe. Resumen: noche de Valpurgis con levante de madre a las dos, a las tres, a las cuatro… a las seis llegó la niña [papis, que he llegado], a las ocho Felipe de pie [… que me voy de bareta… y se fue]. La mañana de médico de urgencias [no es nada, es un virus, le pondremos una inyección para cortar los vómitos y que beba solo líquidos hasta hora de cenar]… y luego… papá, bebo ya… papá, ¿entonces no puedo comer?… papá, tengo hambre… papá, me mareo… papá, ¿tengo fiebre?… papá, ¿está el baño ocupado? Vi la hora de comer mientras Valentino se hacía con el oro en Jerez y yo cortaba patatas finas para freír en freidora. Y de mi Ángeles no hablo, que ha sido como multiplicar lo mío por cuarenta y sumarle dosis doble de Magdalena y Ángel… y mis papis en Sevilla, de boda, para más inri [qué apoyo dan siempre unos buenos padres, coño]. Vamos, que tenía como meta para este fin de semana dormir como un cosaco y el resumen es sueño sobre sueño y un proyecto de gripe cabrona fraguándose adentro. No tengo suerte, coño. ••• Llevo toda la tarde escuchando y cantando a viva voz “Campanades a morts”, y lo hago como una oración, igual que lo vengo haciendo cada 20 de noviembre desde que Lluis Llach la editó, y lo hago para conmemorar a mi abuelo Felipe, para echar de menos un recuerdo que me negaron y que guardo en mi cabeza como un inmenso vacío… “¡¡¡Asesins!!! ¡¡¡Asesins de vidas!!!”… Hay canciones que responden en sí mismas a todo lo que quisiera gritar… ésta es una de ellas, quizás la mejor. Escúchala, amigo Ramón [Ramón Hernández Garrido], en silencio y con un volumen que te haga daño, que te duela en el pecho… escúchala a oscuras y dime lo que sientes, porque esta canción nos une desde antes de que viéramos la luz y de que ella misma existiera. En ella están nuestros muertos y en ella late el eco con el que hemos de vivir hasta el final. (22:19 horas) Yo no soy socialista, entre otras cosas porque ya hace años que no milito, ya que me defrauda el sistema de partidos cada mañana cuando me levanto y reniego del acto ideológico porque me crea un mundo lleno de contradicciones [soy tan jodidamente contradictorio a solas, que no tengo capacidad para sumar más contradicciones a las que ya me llevan], pero tengo en mi mochila una impronta social importante y diversa que viene, cómo no, de mi abuela Antonia, de mi madre y del recuerdo de mi abuelo Felipe. Busco en el territorio de la individualidad algo por lo que luchar y por lo que vivir, pero me resulta muy difícil dar pasos nuevos. Sobrevivo entre sonrisas y decepciones intentando sacar una empresa adelante en la que los valores humanos puedan al negocio, pero eso me lleva siempre a atisbar el borde de la ruina y a conocer mucho mejor el triste material del que estamos hechos los hombres. Soy de izquierda por convicción, eso sí, y también por lógica, pero no desdeño lo que de positivo me aporte cualquier otra postura. Mi postura más árida la guardo para los tipos sin escrúpulos, y lo hago porque aún creo en el hombre [aunque poco], y ese creer me obliga a tomar posturas radicales con ciertos personajes crecidos para la destrucción. No soy bueno ni malo, pero me gusta mucho jugar a ser ambas cosas a la vez. El juego… ahí está la clave, en jugar cada minuto al hedonismo, a la radicalidad, a la perversión, a la tristeza o a la rabia… Sin juego no podría existir.
* "Campanades a morts" de Lluis Llach. [va dedicada a ese "anónimo" que me pregunta... esta canción resume mi eterna rabia, siempre la ha resumido... y es una magnífica respuesta a algunas de tus preguntas... Y a Ramón H. Garrido, y a su madre –siempre en mi memoria–, y a mi abuela Antonia y a mi madre, su hija].
Día repleto de llamadas entrañables: Jesús Márquez en plena grabación de nuestro disco con Paco Ortega y Universal [creo que por fin lo tendremos en Semana Santa], Ramón Hernández Garrido sumando su inmensa humanidad a la función pública, un tipo con los cojones, de verdad [mil gracias, amigo, en mi nombre y en los de Juan, Youssouph y Malick], Antonio Orihuela con su hermosa calma de amigo eterno y Manolo Lara Cantizani sumando afecto y propuestas de futuro mientras me recordaba a José Luis Morante… Chulo recibir llamadas de amigos como ellos. (22,29 horas) Me pregunta no sé quién [porque es anónimo], en un comentario a una entrada de este diario en el blog, que qué es lo que busco en realidad. Y yo qué sé lo que busco, ahí radica mi jodido problema. Soy crítico porque siento la necesidad de contestar y contestarme a cada una de las preguntas que me van creciendo, y necesito serlo para suponerme (¡) creciendo. Soy hiriente porque es la única forma que conozco de sacar mi rabia contra los que conforman mi idea de la mierda del mundo. Busco en el pensamiento filosófico porque noto que me hace ver con algo más de nitidez el mundo, aunque a veces solo consigo un triste bocata de confusión. Me encebollo en la definición de “Arte” porque es una de las materias que me apasionan como vehículo para hacer y decir. Languidezco por una mirada, en fin, porque soy tan fieramente humano como un tacto o un latido. Soy puro contraste porque soy como tú y como todos los demás, un mar de confusión, un hombre solo, un tipo con mil máscaras, un alegre triste, una nada que sumar a la misma nada. Y no sé lo que busco, si no es la muerte, pero temo por lo que pueda encontrar.
Prometí hace tiempo [cuando dejó sus labores políticas en la Agrupación Socialista Bejarana] hacer una semblanza en frío de Ramón Hernández Garrido, y ya me va apeteciendo diseccionar al animal político que se ha perdido la ciudad de diario. Conocí hace mil años a Ramón [digo mil, porque todo ha sido intenso junto a él para lo bueno y para lo regular], y siempre me llegó su enorme y lúcida capacidad de decisión, que de forma natural era seguida por una enconada toma de acción que generalmente era llevada hasta sus últimas consecuencias sin medir la piel que se dejaba en el camino, pero valorando siempre el fin como algo irrenunciable. Excelente en la palabra dicha, brillante en la respuesta rápida, concienzudo en el trabajo, machacón en la ideología… su mejor valor, además de su envidiable capacidad de trabajo constante e inagotable, siempre fue buscar el diálogo después de la tormenta [recuerdo mil enfrentamientos –algunos duros y arduos– con él, fundamentalmente cuando yo dirigía “Béjar Información”, en los que nos hacíamos sangre, y no se me olvida cómo siempre, absolutamente siempre, venía de Ramón la llamada para charlar y reconciliarnos en un diálogo sincero y sin dobleces]. Nunca consideraba al oponente enemigo si entendía que su discurso era honesto, pero se enfrentaba a él con dureza y, siempre, con argumentos. Su mal… ese mal de tantos…. es que era preclaro, transparente, aplastaba cuando la lógica de los hechos estaba a su favor y no permitía ni un solo hálito a su contrario ya vencido… eso le calificaba como duro, correoso, inexorable y peligroso, circunstancias que decoran/ayudan muy poco cuando uno se tiene que someter a la elección de sus paisanos [todos sabemos que el pueblo más prosaico, el que forma las mayorías, se deja llevar por el populismo, la sonrisa fácil, el chascarrillo intrascendente y la cara amable]. Ahí edificó su derrota Ramón, en su imagen pública, en el temor que el ciudadano sentía hacia su verbo claro y directo. Su castigo, y grande, el haber sido derrotado siempre de forma inexorable por un mediocre que no le llegaba a la altura de sus zapatos… aunque tal circunstancia no es del todo cierta, pues Ramón siempre se derrotó a sí mismo. Decidido y profundamente eficaz en cualquier gestión, Ramón fue víctima de su partido, que decidió dejarlo en la política pequeña cuando su potencial era [lo sigue siendo] de altura. Se equivocó el partido con este hombre al no saber utilizar sus rigurosos valores en otros estadios políticos en los que [me juego la mano izquierda] hubiera brillado con luz propia. Mi sensación desde la distancia es que nos hemos perdido un dirigente que hubiera sabido liderar con seriedad un nuevo y hermoso proyecto de ciudad, un proyecto que habría llevado a su mejor fin de seguro, pues quien conozca al hombre, a Ramón, y sepa de su capacidad, no lo dudará ni un momento. Su suerte hoy es haber logrado poner kilómetros de distancia con esta tierra, lo que, de seguro, le habrá aportado calma, serenidad y una nueva forma de ver el mundo y a los que lo poblamos. Sé que ahora en su cabeza estamos tomando nitidez todos y cada uno de los que fuimos parte de su vida pública, y que eso le va a servir para hacerse con el brillante futuro que se merece por capacidad y cualidades. Ojo, y no se piense nadie que esta semblanza está hecha con la bondadosa sensibilidad de un epitafio, pues quiero dejar muy claro que Ramón siempre ha sido una persona que ha merecido mi respeto como hombre público, y es por ello que me he enfrentado duramente con él cuando lo estimé necesario y le he apoyado racionalmente cuando lo vi preciso, que fue la mayoría de las veces. Ahora, Ramón ocupa un cargo más cercano a lo que demandaba su capacidad, pero ha tenido que ser con la condición de perderle como vecino, que no como colega, circunstancia que me deja en la boca cierto sabor agridulce. Béjar sigue prescindiendo de sus mentes más lúcidas, y esas pérdidas se van pagando día a día… Nos queda la esperanza de que la mayoría de los bejaranos que han tenido que irse de aquí sientan este paisaje como una llamada interior que les obligue a volver para completar la suma necesaria. Ramón Hernández Garrido es uno de ellos. Quede mi alta consideración a su persona.
(17:02 horas) Ser sublime debe ser realmente agotador, como ser excelente. El problema, independientemente del agotamiento, es cómo se puede permanecer sublime o excelente, porque si no existe la permanencia de tales estados en un hombre, su futuro es a todas luces desgraciado. Llegar a las cimas de cualquier palo humano contiene el jodido riesgo de no saber morir en ellas y, por tanto, entrar en un grave proceso de degradación que al sublime y al excelente han de resultarles humillantes en grado sumo. Lo mejor, desde mi punto de vista, es guardar siempre una bocanada de aire para el minuto que sigue; una bocanada que te permita respirar para poder guardar otra, y así sucesivamente. … … No entiendo la vida sin juego, a pesar de que sé que voy a perder de seguro.
* "Grandola, vila morena" de Jose Afonso [dedicada hoy a Ramón Hernández Garrido con ese sentimiento revolucionario que aún nos queda en el fondo del corazón].
La verdadera poesía pide distancia, que el poeta haya sabido distanciarse de la realidad que la empujó. Cuando esto sucede, el poema se carga de una ironía especial que nunca contiene el de bote pronto. Y es que la poesía más sólida está llena de ironía, porque la distancia valora el tiempo de la herida y lo acerca a un interesante punto de objetividad que no puede contener el poema de vivencia caliente. Sin el dolor latiendo, sin el sentimiento empujando en la cabeza, el poema se desenvuelve mejor, sin el exceso de lo trágico y con el justo láudano de lo que se puede valorar completamente porque ha pasado. Y el dolor no es tanto cuando ya sucedió, ni el amor, ni la euforia, ni la decepción, ni la risa. ...Pero me gustan tanto los poemas urgentes...
••• ••• RECREACIONES CON HURTOS DE PAPEL (6) (Va dedicado a mi amigo Ramón Hernández Garrido) Nadie sabe en qué fecha José María Aznar pactó con Saturno para tomar el espíritu de Pecksniff* y cambiarlo por el suyo –un espíritu anodino y planchado–. El caso es que en la herrería saturnal celebran lo bien escogido del personaje, pues nunca, nadie, desde el principio de los tiempos, había llevado con tanto aprovechamiento un espíritu ajeno. Para celebrar tal circunstancia, Saturno ha encargado a sus magníficos fundidores que le vacíen una copia del rostro de don José María con una leyenda orlada en laureles que rece: “José María Aznar. Excelencia en hipocresía saturnal”. Hace un par de semanas coincidí con Saturno en una conocida cafetería madrileña y me comentó que en su gabinete de diseño están trabajando en una suerte de “VICTOR” para poner en la fachada sur de la antigua catedral de Salamanca. Bebimos bastante… era absenta. * (Pecksniff es un personaje de la obra “Vida y aventuras de Martín Chuzzlewit”, de Charles Dickens). ••• •••
(15:43 horas) Decía Pavese que “el destino es abandonarse y vivir la plenitud”. Yo digo que sobre todo es abandonarse y vivir la nada, porque “destino” es el final del viaje y no el camino. Todos llegamos al mismo punto siempre, un punto de desaparición total y absoluta [a unos les llega justo cuando la vida se alumbra en sus cuerpos, y a otros cuando ya han sucedido muchos años después de su muerte física… pero todos respondemos perfectamente a los versos de Manrique]. Ítaca, que no el destino, está justo en el camino, en el paso dado, y en ese viaje es donde se puede jugar a alcanzar la plenitud… Ítaca es la búsqueda y el destino es la nada.
••• ••• RECREACIONES CON HURTOS DE PAPEL (7) Cuando visité a Pier Paolo Pasolini en el hotel de Riva Ligure en el que se alojaba, le encontre desastrado y arisco. Me recibió a pesar de su estado y charlamos de asuntos superficiales durante más de cuarenta y cinco minutos. De repente, cuando nuestra conversación transitaba por la curia romana y sus asuntos oscuros, Pier Paolo cortó la conversación con una especie de rugido, me miró fijamente a los ojos y dijo: “Eres la reencarnación de Homais*, cabrón. Mediocre, anticlerical y volteriano… siempre pendiente de tus intereses. Tu alma provinciana no te permite ver cómo caemos vencidos los héroes, mientras te hinchas con tus condecoraciones absurdas y grotescas… Métete tu seguridad donde te quepa…”. Y haciendo gestos de bufón, como una burla, desapareció por el pasillo de camino a su habitación. De vuelta a casa, pensé en sus palabras y las encontré cargadas de razón… a los mediocres sólo nos queda la posibilidad de ser Homais, que es como ser nada. * (Homais es un personaje de “Madame Bovary”, de Gustave Flaubert). ••• •••
(17:29 horas) ¿Existen las ‘cosas’ antes de que yo las conozca? ¿Después de que yo las conozca, las ‘cosas’ se destruyen? Sé que la apetencia de conocimiento es puro oxígeno, pero también sé que la obtención del mismo es como una bocanada de dióxido de carbono. ¿Fue capaz el sabio árabe que ideó de forma vaga el flujo direccional de la luz [cambiando la idea del mundo que le rodeaba de que la luz emanaba de los ojos como rayos] de medir la incidencia de su idea en el negocio de las gafas con filtro solar? Su idea destruyó una forma establecida de ver el mundo y creó un amplio camino de consecuentes destrucciones. El conocimiento es una interminable carrera hacia la destrucción de lo mítico.
Alberto, cuando me detengo en el cuadro negro y espiral que cuelga en el salón de mi casa, soy consciente de que tu espíritu está en él, lo percibo con nitidez y te siento cerca de mí. Algunas veces te he hablado de ello, de lo que esa obra produce en mí, de cómo me lleva al desasosiego e incluso al temor... pero no es de eso de lo que quiero hablarte hoy; a lo que quiero llegar es a esa prolongación [presencia] del espíritu de un autor en la obra que reposa lejos de él, incluso cuando ya ha desaparecido. ¿Es eso parte de la inmortalidad del hombre? Pienso a veces que quizás me equivoque y lo que sucede es que me veo a mí mismo en la obra de otros, me penetro... pero hay algo netamente perceptible que está fuera de mí, algo que es del creador y que se mete por mis ojos, por mis oídos... y me incendia o me relaja. ¿Qué tipo de comunicación es ésa? Cuando esto sucede y soy consciente de ello, es también cuando percibo mi desorden, mi falta de método para procesar las ideas y darles forma. Entonces me dejo llevar, pero siempre me queda una especie de remordimiento de no poder expresar o definir el proceso en el que estoy y en el que gozo o sufro gracias a un hilo conductor que no emana de mí, sino que llega de la obra que admiro... quizás del alma que la propició más que de la obra misma. (15:37 horas) Recibí llamada de Ramón desde Lisboa, estaba con la coleguilla Mar dando tiempo a un contacto que puede ser importante en nuestras vidas sensibles. Lisboa es un paraíso que debo desear como deseo París. Luego se acercaron a verme un par de profes del IES Ramón Olleros [Mila era una de ellas] para proponerme un trabajo creativo con los chavales. Les dije que estoy a su entera disposición y quedé contento de saber que aún hay esperanza. Este tipo de historias con profes comprometidos me encantan por lo que propician. Gracias. Luego descubrí el blog de Alberto Gadea y lo leí de cabo a rabo. El tipo me cae bien, aunque le siento en un proceso duro muy parecido al que yo pasé durante un tiempo largo y agotador. Ve la miseria de su entorno y siente la imperiosa necesidad de denunciarla... Yo, amigo Alberto, un día me di cuenta de mi calidad de cero a la izquierda de la izquierda y decidí vivir para mí y por mí, me puse a buscar mi opción individual y a disfrutar de la palabra y sus dobleces. Desde entonces soy más feliz. Sé que no puedo sumar ni restar nada, sé lo que no me interesa y busco lo que puede hacerme sonreír o poner cara de sorpresa, disfruto de mis amigos y de mis cercanos y digo lo que me sale de los cojones cuando me apetece. Estoy llegando ya a esa libertad del bufón que tanto ansío, lo que me hace sobrellevar con una sonrisa todas mis miserias, que son muchas, y todos mis fracasos, que son más. Te deseo una buena evolución de pensamiento y un futuro que no sea capaz de hacerte daño. Me da la impresión de que te lo mereces.
(15:52 horas) Juego siempre a que las cosas me muestren su misterio, ahí soy feliz. Disfruto de entender dos frases de Kandisky o de reírme de Kant, como disfruto de encontrar el alma de una piedra o la sonrisa de una calle vacía. Me quedo extasiado ante un papel roto sobre una acera o viendo caminar a una mujer madura a veinte metros. Pruebo a cruzar miradas intentando conectar y hago juegos de palabras para sopesar la atención de mis interlocutores. Busco sensibilidad en una moneda, bebo agua buscando un sabor olvidado, miro a mis hijos con incredulidad, busco bocas para recortar en las revistas, juego con mi lengua para inventar la orografía de mi boca, hago muecas frente al espejo del ascensor, me muerdo las uñas y busco perfiles conocidos en sus cortes irregulares, escribo frases inconexas y las mezclo, pienso en pasteles de nata con formas femeninas, leo volúmenes de filosofía abriendo páginas al azar, copio poemas de amigos y los deformo hasta que son irreconocibles, apago el teléfono móvil durante semanas, guardo silencio una hora y la gente que me rodea se asombra, río a carcajadas cuando estoy a solas, canto blues a grito pelado por las noches, pinto como un poseso en tramos muy breves de tiempo, recuerdo a cada uno de mis amigos cada día y los echo de menos, miro mis manos con asombro, no leo prensa... (17:54 horas) Está la realidad tangible sentada, esperándome. Una putada, porque la realidad desnuda es inexcusable [voy a decir mejor la realidad de mi desnudo]. Estoy atado a ella por un lazo indestructible, un lazo que en algún momento pudiera servirme de horca. Y yo intento olvidarme, evadirme de tal «verdad», y lo hago en caminos irreales, es decir, en caminos que yo armo y desarmo con cierta esperanza de que se conviertan en otra imposible realidad. Lo que no sé es si el material de mi evasión, el pensamiento, extiste de alguna forma inmaterial que no comprendo. Ahora me pregunto... ¿tienen capacidad los caminos irreales de modificar la exacta realidad? A mí me gusta pensar que sí, pero el trasunto diario se empeña en demostrarme un segundo tras otro que no es así.
Volver a la estética de la resistencia como quien vuelve cada mañana al trabajo, como quien recoge su cosecha desolado por el granizo o como aquél que ya no le ve sentido a la norma. Resistir también es vivir, pero sobre todo es sobrevivir. La guerra sabe mucho de esto... o lo hace saber, pues muestra la importancia de la propia vida sobre la de todo lo demás. En ella, en la guerra, la justicia es otra, la moral es otra y las necesidades se resumen en otras [muy pocas]. De eso debieran saber un poquito tipos tan fríos y suciamente interesados como Bush o José María Aznar [debieran saberlo en sus piernas, en sus brazos, en el arco de sus cejas y en cada una de sus jodidas vísceras]. El resistente tiene la opción de la muerte sobre la estupidez de una vida sin posibilidades de tono positivo. Sobre la propia muerte y sobre la muerte ajena. Al resistente no le importa lo circunstancial, pues ve lo práctico en los límites y vive en ellos. Mi ventaja es que sé vivir la resistencia sólo en clave de estética, y me gusta. (16:20 horas) Eliminado el contenido de esta entrada en la red, que no quiero historias tontas, que voy mayor. Y gracias al moderador de «to-bejar» por su invitación. El problema es que copian mis contenidos y los debaten fuera de esta página [yo doy mi cara y muchos de los que debaten no dan la suya... por eso paso de foros desde hace mucho tiempo]. Suerte a todos... y sinceras.
(17:40 horas) Asistí a la presentación de Cipriano González como candidato por el PSOE a la alcaldía de Béjar. La sensación fue extraordinaria y se respiraba victoria. Me gustó el tono comedido del candidato y me encantó abrazar fuerte a Jesús Málaga y saludar a Ramón Hernández Garrido. Esta vez parece que sí...
Llamada de José Luis Morante con el proyecto de acercarnos a los encuentros de Punta Umbría en Abril [¡¡¡Guay!!!], respuesta hermosa de Ramón H. Garrido [mil gracias, colega], invitación chuli de Isabelita Huete para verla en el Ateneo de Madrid y cierre de la exposición que coordina Marcela Lieblich para el CESIC [«Ciencia y Literatura» en el Espacio Sins Entido, que está en la calle Válgame Dios, nº 6, justo al ladito de Chueca], en la que participo cono autor junto a colegas como Luis Alberto de Cuenca, Santos Jiménez o Lara Cantizani. El resto del día, para olvidar.
La felicidad se acerca más a quien es eficaz en lo suyo, pero también al que busca el vacío quitándole importancia a lo que no sea imprescindible para sobrevivir [en el fondo, este tipo también es eficaz en lo suyo]. Yo ahora me siento feliz despreciando al que considero que merece desprecio y queriendo con intensidad al que considero digno de aprecio. También soy feliz, profundamente, cuando intento pintar o cuando me enredo en un poema, aunque sea un poema doloroso o una pintura trágica. No soy feliz cuando pienso en el futuro de mis hijos o cuando veo a los perros del PP dividiendo otra vez a la gente con la que comparto espacio y risas. Pero ser feliz no es un fin que busque con vehemencia, pues me encanta dejarme llevar y que los segundos de felicidad lleguen por sorpresa.
Y ya voy poniéndome viejo, y por eso estoy solo o un poco más solo cada día... No puedo decir que no espero nada, porque mentiría. Espero mucho de mí y nada de los demás, que es justo lo contrario de lo que esperaba hace diez o quince años. Hoy me quiero más que antes y he reducido sensiblemente el número de personas a las que quiero de verdad.
Mientras espero con ansia la llegada de Abraham Gragera –me llamó el lunes para decirme que vendría a pasar el sábado conmigo– siento cómo empieza a caminar de forma inexorable toda la movida de las elecciones municipales. Es muy probable que a esta hora ya haya sido nombrado Cipriano González Secretario General de la Agrupación Socialista Bejarana y, por tanto, candidato a optar a la alcaldía de Béjar. Sé a ciencia cierta que ya se están velando armas, que es como decir que ya hay movimientos subterráneos para llevarse cada uno de los gatos a las aguas limpias o cenagosas, según cuadre. Puede ser divertido pasar estos meses escuchando los «yo hice» y los «yo haré», anotando los argumentos que pongan la cara de bondad a la maldad o a la simple ineficacia, haciendo un rol de «la culpa es de otros... de ellos» y enfangando a gente que no quiere ni tiene ganas de rozarse con los malos rollos políticos de pueblo. Ya puestos en faena, pues que a mí me gustaría que saliese un grupo de gobierno con ideas muy claras sobre cómo desarrollar nuestra ciudad en los campos más diversos, con un proyecto realizable racional y de plazos justos, sin populismo, con buen rollo y abierto a la comunicación constante con los ciudadanos, sin inquina hacia el que pierda –es más, procurando integrarle en las labores de gobierno... a pesar de las malas experiencias que esa actitud trajo en legislaturas pasadas–. Me apetece un gobierno municipal que democratice el ayuntamiento para que vuelva a ser la casa de todos y para el uso de todos. Sinceramente, no sé cómo puede lograrse lo que mis deseos gritan, pero sé que si hay voluntad positiva se podrá avanzar. Y de la prensa... me encantará cómo humillan y callan o cómo humillan y ladran. Si fuera por ellos ganaría el PP por diecisiete a cero [incluso para los que están por llegar]. (19:10 horas) Ya se fue Abraham para Helmántica, pero se dejó en el camino –para mi suerte– «Banderas detrás de la niebla» de José Watanabe y «Fábula del escriba» de Eugenio Montejo, además de diez bellísimos dibujos de flores realizados con café soluble. El colega estuvo entrañable, delicioso –porque lo es– y sonriente. Me encanta verle ilusionado con sacar adelante un sueldo al mes, pero sin pensar más que en vivir como él quiere, que es como yo también quisiera vivir. Sigue en la poesía como una niebla que es a la vez luz y percibo que tiene las ideas tan claras que es fácil que no necesite escribirlas ni llevarlas a la palabra poética, porque con tenerlas claras basta. A los postres de nuestra comida «Piel de toro» llegó Ramón Hernández Garrido para tomar café con nosotros y para intentar ser el catalizador de algún encuentro intercultural con Portugal –yo le agradezco la buena voluntad y procuraré estar a la altura de lo que me proponga–. Nos contó que está feliz en Lisboa y que lo que más le agrada es que la familia se ha integrado rápidamente en aquel ambiente –yo creo que lo tenían fácil–. También charlamos de la política del pueblo, de las ganas de ganar que hay en la Agrupación Socialista y del ambiente positivo que se respira al respecto entre los bejaranos. Ramón es otra persona ahora, y se percibe netamente su felicidad y el buen rollo que le fataba en Béjar. Haremos algo juntos y será bueno, lo presiento. (23:17 horas) «¿Me dejará la muerte / gritar / como ahora?»... dice el «Orgasmo» de Watanabe y yo veo los dedos de Abraham indicándome la página... «Está tan cerca de lo tuyo, Felipe...» –me dice Abraham bajito mientras me invita a leer–... «esta poesía te ayudará a escribir, amigo, estoy seguro.». Y mis aforismos son como sus dibujos, los que me ha regalado, unos dibujos muy parecidos a los bocetos de aguadas que hace tiempo me confió Alberto Hernández y que conservo como un tesoro, unos bocetos que miro y remiro hasta agotarme... Estamos en lo mismo... vibramos en la misma finísima cuerda que anda siempre a punto de romper por puro estiramiento... y eso es bueno, porque nos une y nos hace voz y trazo en la misma perversión y en el mismo sueño: flores espirales que sentencian a seguir viviendo, a seguir latiendo como individualidades con algo trágico y con algo luminoso, con una interpretación mínima del mundo con la que poder sobrevivir hasta mañana. ¡Zas! Mañana puede ser el día de la muerte y no debe importarnos, porque estamos haciendo uso de la vida en cada palabra y en cada gesto, estamos haciendo un uso decente de la vida, tan decente como inútil. Alberto y Abraham tienen la misma tristeza alegre en la mirada, la misma consideración al silencio, el mismo ardor que no les deja reposar y sin embargo les hace parecer tranquilos. Eso me falta a mí, pero no pasa nada, no me importa, porque también en el contrapunto está el camino. Son tan parecidos a Aníbal Núñez en la mirada a los espejos que me espanta como un Norte al que debo llegar tarde o temprano. Cuando apague la voz... ¿habrá silencio?
Día de Reyes con patatas rebozadas de mi madre [una delicia] y reparto de regalos al moderno uso del «amigo invisible» en la casa gris [me tocó caja de carboncillos y sanguinas] con Mada hecha un guiñapito y un juego de miradas múltiples con cierto rollo de que algo se está rompiendo. Vi y besé a Sara –mi Sara chuli– y a Nacho, a Pablo, a Miguel Ángel y Mercedes, a Claudia y a Julia... y a mis cuñadas [incluyo con afectote en este capítulo a Antonio G. Turrión]. Las faltas resumen que se van cayendo poco a poco los palos del sombrajo [para lo que, sin querer, Ángel sumó banda sonora Otelo o similar]. Y a mí me van dando ya un poco por el culo los Reyes Magos si no es para festejar a mis hijos y a mi santa esposa y reina mora [agotada, delgada, decaída, derrotada y vendida a hacer y servir comidas y a protagonizar constantes cambios de muda... como el resto de sus hermanas presentes y ausentes]. Y Ángel sin enterarse de lo que vale un peine, sin percatarse de que se va corrompiendo todo, de que el personal se está agotando, de que las familias están medio jodidas o jodidas enteras porque no acepta la solución fácil y simple de delegar/descansar con contrata... mientras que le encanta verse rodeado de ese sacrificio filial [¿acaso luz de santidad?] que pone abandono en los nietos, con fracasos múltiples incluidos, y en el resto del personal de tropa. Y con Otelo de banda sonora... para bailar, coño... y tocar palmas. Yo intento mantener fuertes mis lazos, pero me va costando un huevo y parte del otro, intentando aparcarme en un «no pasa nada» cuando Geles no está para comer ni para vivir/convivir –casi siempre– y los críos andan a su bola. Es todo una puta, destructora e insoportable mierda. Y siempre pienso en lo mismo: Si esa casa estuviera padeciendo la enfermedad al revés, otro gallo cantaría, que Magdalena siempre tuvo dos cojones para sacarlo todo adelante sin perturbar. Lo que jode la educación machista, ¿verdad? ¡Joder!, vaya resumen de día de Reyes que me ha salido... de Reyes reales, contantes y sangrantes. La pena es que no me dejan decir esto en alto en el foro preciso y necesario. Mierda de respeto absurdo. (19:07 horas) Anoto que vi de pasada y saludé a Ramón Hernández Garrido y a Pilar [estupendos, relajados, sonrientes... me alegro un montón], que me descojoné de risa siguiendo a Malick y a Youssoup disfrazados de cristianos viejos en la cabalgata de Reyes, que dos personas me dijeron en la calle que Cipri va para alcalde y que va a salir (?) [lo que sabe la gente], que una de esas personas también me dijo que para junio un tipo sorprendente presidirá Premysa [mira que saben, coño, y yo sin enterarme... le dije que se asegurara antes de soplarlo a los cuatro vientos, pero me dejó acojonadito], y el mismo tipo me contó algunas cosas de rollo interno que me dejaron preocupado [y yo sin enterarme otra vez, por lo que anoto tales comentarios con pelos y señales en el privado de este diario para que no se me olvide, que lo que anda en el rumor es jodidamente venenoso y hay que medirlo con precaución]. Y que murió de forma terrible la novia de un colega y me han entrado escalofríos. La vida es una putada. Fuerza.
Algo descolocado, con flojera de espalda y bastante menos lúcido de lo normal, anoto el día como una resta más, ubicándome en el medio para buscar equilibrio o cobijo. Hoy no estoy a la altura de los hombres y de las cosas. Y de esta resaca me llega el otoño adentro, como siempre, con su asunto xantófila, sus grises destramados y menos voluntad de ánimo que en otras estaciones. Ayer fue un día de gozo por ver a mis amigos felices y abrazados, y hoy retornan las dudas y me pillan sin fuerza. ¿De qué sirve que nombren junto a tus actos el valor si no lo tienes? ¿Para qué hacer tonsura en lo que siempre fueron balbuceos e inseguridades? El mundo sigue su curso y le sobra mi mirada o no la quiere... En fin, que el mar vuelve al mar y las rosas ya marchitas mantienen sus espinas como fieras. No hay esperanza ni seres para ella. (12:55 horas) Si nos sacan del entorno social cercano, siempre somos más amables, y quizás hasta puedo afirmar que así es como somos, mucho más amables de lo que se sugiere por el contacto constante y diario. De ahí la necesidad de poner distancia, de buscar soledad y de intentar aislarse en un medio tono para que se nos vayan desdoblando las dobleces sociales. También es muy cierto que sólo se ama a quien se puede odiar, por lo que la intensidad relacional del hombre debe guardarse para casos muy concretos. Es decir, no debemos entregarnos a un grupo, sino a personas concretas y muy bien seleccionadas. Y es que quien no ama, encuentra paz en su vida y armonía en sus relaciones... Pero, ¿estamos dispuestos a no amar nunca? Tengo claro, por tanto, que poner distancia es fundamental para gozar de tranquilidad y buenas sensaciones con los demás, pues «amar» implica que exista un contrario con el que comparar el afecto. Prefiero hablar de «aprecio» que de «amor» y de «desprecio» que de «odio». Todo se hace así más tolerable. (18:46 horas) Alguna vez suena una voz a la espalda del tiempo y veo cómo se inició el incendio de lo político en mi estómago. Fue Ramón Hernández quien me animó y me llevó de la mano, quien me cargó de una ilusión que con el tiempo me haría madurar a base de satisfacción y daño. Y yo se lo agradezco porque me ayudó a crecer y a dudar, porque aprendí a ver la vida con ojos algo más prácticos y a la vez a otorgar a cada cosa una importancia relativa. Ayer estuve un buen rato con Ramón y le vi feliz, fuera ya del ambiente enrarecido de esta ciudad que devora implacablemente a sus mejores valores. Sonreía entre fados y vi cómo la distancia –vuelvo al tema– nos trae las caras amables, las de verdad, las que debieramos conservar siempre en nuestra memoria. Del tipo que medio voló hay que recordar ahora sus valores: tenacidad, capacidad ingente de trabajo, generosidad a raudales e ideales sólidos. Me alegro de su suerte y sé que a otros les jode. (21:51 horas) Sentirse parte de una historia viva, a veces te trae la honestidad como un pañuelo limpio... no como algo perteneciente a tu personalidad, pues uno no es honesto si no encuentra razones para serlo, sino como defensa ante el futuro. Yo soy honesto sin un componente moral previo, pero siempre con un componente circunstancial que me lleva a pensar en mañana. Eso cuando soy honesto, claro. Y soy deshonesto siempre con un componente moral bien localizado y, también siempre, buscando epatar con mi actitud deshonestamente bien medida. En fin, que somos teatro en lo bueno y en lo malo, y todo por ser como el aceite en el agua, para flotar y poder tomar otra bocanada de aire.
A la poesía se debe llegar sabiendo que no va a ser un fin en sí misma, y que sublimarse en ella sin otro interés que el de gozo por el conocimiento que propicia es su mejor valor. Nunca poesía para herir, para encantar, para derrotar, para conquistar... y menos para vender. Siempre poesía para el conocimiento, para la serenidad, para el gozo del sentimiento vivido. No para la autosatisfacción, nunca, sino para el autoanálisis. En fin, que la poesía nunca debe ser «respuesta»... debe ser «pregunta». (21:07 horas) Emotivo y entrañable el acto de entrega del Premio Libertad. He sentido el cariño de mucha gente y he visto a todos nuestros muchachos felices por este reconocimiento al trabajo desinteresado de todos durante un montón de años. Confieso que se me puso un nudo en la garganta en el justo momento en que Jesús Márquez interpretó mis poemas y no se me fue ni en la intervención deliciosa de Ramón Hernández, ni en la entrega del galardón, ni en las palabras finales de Jesús Caldera. Miraba a mi colega Juan y se me saltaban unas lagrimillas de emoción, pues han sido muchos años juntos luchando por un proyecto loco y maravilloso, y este reconocimiento nos da energía para seguir haciendo locuras. Allí estaban Youssouph y Malik, Susana y Lolina, Javi y las niñas de Mario, algunos chavalillos del nuevo MPDL, Blanca y Mariángeles, la hermana de Juan y su moza, su padre –orgullosísimos–, Miguel y Berta con su cuquina chica, Juan Martín Tiedra con señora y sobrinillos, mi familia entera... y el espíritu solidario de Sonia y el Pepe... todos mezclados con calderas, rabadanes, meleros, málagas... y con la gente hermosa de la Agrupación Socialista Bejarana... ¡Mil gracias a todos! Y unas gracias especiales para Ramón, José Manuel y Antonio Gutiérrez (el tiempo nos une siempre, amigos).