Sunday, March 28, 2010

Triángulos, triángulos, triángulos...


Triángulos, triángulos, triángulos... salí a la calle y me acordé, no sé por qué, de Pepe Pérez Carranque, y mira que apenas pude hablar con él un par de minutos en su visita a Béjar, aunque sí le escuché leer sus poemas, y es por ello por lo que me acordé, claro... llovía a mediomares y no llegaba a una reunión Premysa [se me había olvidado y llevaban ya un buen rato esperándome], y la ciudad se me puso como medio hostil, pues estaba sin coche... el caso es que corrí con este paso de tortuga vieja que ya tengo y me uní a la comuna resollando... me tocaba intervenir y no tenía aire, pero intervine [mi triángulo fue purito escaleno en ese tramo]... me comprendieron y creo que perdonaron mi exposición acelerada... y me agoté hasta guardar silencio... escuchaba pronunciar, por parte de mis compañeros de comisión delegada, términos de nuevo uso que me hubieran puesto de uñas en otras circunstancias, pero en ese justo instante me adormecían... todo eran tecnicismos de nuevo cuño funcionario con un nosequé aprendido en cursitos de cooperación y desarrollo o en reuniones de ésas en las que se habla constantemente del ‘crecimiento sostenible’... que me dormía, coño... que hasta me venían bostezones... y acabé comiendo caramelos y bebiendo agua para salvar el sopor [mío y por mi estado, nunca por las palabras de mis colegas]... a mis oídos llegaban cantos de sirena que hablaban de salinas altas en latinoamérica, historias de energía solar y nombres de nosequienes que parece ser que son gente importante donde lo sean... pero yo seguía roquetín y como una alfombra de pisar... y acabó la reunión y me fui a casa a cenar, pero enseguida caí en que había dejado en la imprenta un trabajo a medias y que tenía que entregarlo, así que desperté a un nuevo formato de triángulo [esta vez un isósceles] y corrí a los rematares como un zombi peleón que no se rinde...
Ya el día había empezado de triángulo irregular, con Felipe sin poder dormir y nadado en sudor por la fiebre... eso me despertó temprano y me puso alerta, que mi campeón marcaba treinta y nueve y medio en el mercurio y no era para tomárselo a broma. Contactar con el Centro de Salud me llevó más de dos horas, pues salía el contestador automático y, después de completar todo ese trámite de si es una consulta marque uno y si no lo es marque dos, siempre acababan dándome cita automática para el día treinta y uno... pero lo de Feli era relativamente urgente y me parecía necesario que el médico lo viera [y no soy mediquero, Dios me libre]... por fin pude hablar con Josefa, la doctora que le corresponde al chico por tarjeta sanitaria, y fue muy amable haciéndonos un hueco a las 11:50 horas. Me acerqué a mi trabajo para aprovechar el tiempo [que en estos días tenemos curro, aunque no cobramos] hasta que llegase la hora de la consulta, y todo eran llamadas, ven, corre, para... triángulos de dañada geometría, vamos. A la hora marcada por Josefa, estábamos Felipe y yo en la sala de espera [él con cara sufriente, aunque con algo menos de fiebre, y yo jodido porque estaba perdiendo el día de forma pasmosa]. Las consultas llevaban un retraso de tres cuartos de hora y en la sala de espera había una tensión pueblerina entre las viejinas que estaban esperando para pillar recetas, cosas del yo voy antes que usted o del yo llegué primero... y al fin pasó consulta mi chico, unas placas enormes en la garganta y una infección de caballo que se resolverían con antibióticos a lo bestia, ibuprofeno y no sé qué otra cosa... y de allí a la farmacia a comprar los específicos... y de allí a volver a dejar a Felipón tumbado en el sofá como una manta mojá... y de allí a comprar el pan... y de allí a recoger a Guille en el cole... y de allí a hacer las camas... y, luego, la comida [macarrones con tomate]... mientras, había recibido llamada de Hacienda para acuciarme en un pago, había recibido noticia de un trabajo con un error de bulto [el error fue del cliente, menos mal] y me pedían tener hecha a las cuatro una fe de erratas... así que, en una pirueta triangular, me escapé desquiciado a fumarme un par de cigarrillos en la escalera para pillar calma, razón y nicotina... dejé tapado a Felipe y medio dormido, acicalé a Guille [pues tenía que actuar en el cole, leyendo un poema en el ya clásico Día de la Familia]... estirarle la ropa y meterle la camisa por el pantalón, vigilar su lavado de dientes, peinarle requetebién y perfumarle un poquino [mientras repetíamos el poema juntos para que no se le olvidase]... y a toda velocidad al cole, porque ya íbamos justitos... corretiva al trabajo para maquetar de un plumazo la fe de erratas y tirar en digital mil quinientas cuartillas con ese documento... a las cuatro estaba rematado [¡la rehostia!, el primer triángulo regular del día]... y me relajé diez minutos y, de pronto, me di cuenta de que Guille iba a actuar a las cuatro y que estaba esperando verme entre el público... ¡me cago en rus!... corrí en camisa hasta el cole para ver si llegaba a ver a mi chico... y llegué... uff... llegué y le escuché recitar su poema con cara de padre tontón... y volví al curro corriendo... había cosas que rematar y entregar con urgencia y me puse a ello.... y recibí llamada... “llevamos una hora esperándote para la reunión de la comisión delegada... ¿vas a venir?...”... había olvidado, como expliqué al principio, la convocatoria, y los triángulos empezaron de nuevo a perder su geometría.
Solo la lluvia, que fue intensa y constante durante todo el día, me ayudó, mojándome, a no desesperar del todo y a mantener el tipo.
Hoy estoy como deseando que llegue algún día redondo, sin vértices ni aristas, sin lados inclinados por los que caer a tumba abierta... seguro que habrá alguno pronto.

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