Monday, December 7, 2009

Al asunto de escribir...


He dicho tantas veces que quiero estar solo, tantas veces… y cuando lo digo no me refiero a que me abandonen mis amigos y me den de lado, ni mucho menos… me refiero a esa gente que me busca con ciertos fines vacíos… últimamente he vuelto a tener visitas de tipos que me traen un legajo infumable de poemas para que les haga crítica [yo se la hago con sinceridad y con mi mejor disposición… y se cabrean, se engurruñan y me retiran el saludo] y “para que les enseñe” [pero qué puedo yo enseñar, si no sé ni dónde tengo la mano derecha]… el caso es que me molestan, me quitan tiempo personal y me dan la paliza con sus continuas visitas exigentes… y luego no me respetan cuando les digo algo que me piden que les diga con sinceridad.
Así que he escrito un ripiado para que me sirva en estos casos… se lo imprimiré al que venga y lo despediré deprisa y sonriendo… y es que ya voy mayor, coño.

Al asunto de escribir, y no es engaño,
le he echado yo más de un año
a la luz de tanta lumbre
que nos es raro que hoy, u hogaño,
algún versillo redondo se me alumbre.

Por mor desa llama viva que suponen,
me llegan algunos días
gañanes, tahúres, ciegos, tuercedías…
a que les eneseñe presto algunas cuadernas vías,
cuando no silvas hermosas
o facturas de sonetos olorosas.

Yo me niego de primeras,
pues me conozco un montón
y me tengo por guarreras
en el arte más hortera
de la poetización.

Luego cedo, pues soy manso,
y, a mayores, soy nariciso,
y me hago pis por el piso
si presiento que en un friso
mi nombre se hará remanso…
así que me pongo ganso,
tomo pose de pensar
y hago camino al andar
acompañado del neto
pupilo y puro paleto
que me vino a preguntar.

Primero le inquiero, astuto,
sobre los fines al caso
de su inquietud de fracaso
en el arte de trovar…
¿si es por amor o por odio,
si es por sexo o por un podio
en un parnasillo impar?

Todos contestan primero
que buscan el verdadero
camino hacia la poesía…
luego, cuando corre el día,
van mostrando su venero,
que casi siempre es putero,
pues pretenden que el puntero
penetre como un venablo
en un cuerpo de mujer…
y, pinchado el alfiler
en su diana precisa,
yo amablemente les hablo:

Ha de antiguo, y es sabido,
que para tocar poesía
hace falta esa alcancía
que aquí llamamos papel
[los hay de pura verjura,
de satén o, si está dura
esa cosa del rimar,
los tienes cuadriculados,
con rayitas a los lados
y hasta de milimetrar];
luego se hace necesario
un instrumento corsario
que lleve tinta en su alma
[bolígrafos, lapiceros
plumas de ricos plumeros,
rotulador y compás
–que a veces viene divino
en lo de redondear–]…
y una mesa, cómo no,
que puede ser de alta encina
o de esos pinos que empinan
los montes con un pinar
[la mesa es muy necesaria,
pues le gusta a la fragaria
tesitura de los versos
que se apoyen los anversos
de las hojas primorosas
en superficie segura
y que no sea rugosa];
a más, una buena silla,
con cojín y barandilla,
con respaldo y balancín
te ha de venir de perilla.

Con el material dispuesto
y una luz de cielo raso
–mejor dos, pues se da el caso
de que se te funda a un paso–
ya podemos empezar
con el trámite payaso
de entreabrir en el Parnaso
la puerta del mueblebar.

Si quiere ser un poeta de combate
nuestro neobotarate
ha de hacérsele notar
que debe pisar la calle
por do bien que se la halle,
que debe entrar en tabernas
hasta que en las contubernas
le permitan opinar,
que ha de dormir en prostíbulos
[pero siempre sin follar],
que ha de beber con obreros,
con peones del textil
y con pordioseros mil
que se gastaron su paro
en esos juegos tan raros
que bonolotan al gil…
hecha la apuesta de calle,
es fácil que con reposo
nuestro botarate halle
algún verso en ese poso…
escríbalo, dele vueltas,
metaforícelo un poco
y al cabo de un par de copos
al pavo de su poema ya le habrá crecido el moco.

Si el gañán se nos deviene
romántico anglosajón,
ha de jugar al rondón
de amar sin comerse un rosco
[es decir, que se me entienda,
ha de desear sin prenda,
arder sin poder tocar
y, cuando más le apetezca,
a la cama sin coitar].
No es fácil este proceso castrativo,
pues deja al poeta esquivo,
rijoso, blando y nocivo…
cuando no lo deja enfermo y ojeroso.
Incluso algunos tendencian a ser fidias
y blandamente se estatuan o suicidian.
Si el gañan pasa el proceso
de ver y oler a su musa
sin catarla,
tiene el poema en la fusa,
incluso en la semifusa y en la blanca.
Sufrir cuatro palabritas
medidas silabeando
y el poema ya está andando.

Si el morucho se me va por lo difícil
y pretende hacer la críptica poesía
que tiene en Patrocinio padre y guía,
simplemente le ubico el diccionario
frente a sus breves ojos combinarios
y le ruego que al azar lance el anzuelo
y lleve a su papel el negro velo
de lo que ha de ser verso inexcrutable
[dará lo mismo que se lea en bable,
en asturcón o en lírico castúo,
pues será bueno y, además, loable
su resultado memo].

Demasiado ya he dicho en este trecho
y, quiero que se entienda, doy por hecho
que con esta ripiosa lección mía
no vuelva ya ningún poeta en vías
a pedirle consejo a este deshecho
de hombre, de escritor… que está en barbecho
por falta de poemas estos días.

Estoy harto de mí…
¿cuánto más he de estarlo de esa horda
de aprendices que piden soga y borda?

Si aún no logré tensar con nitidez mi cuerda,
lo diré claro y alto: ¡Que a la mierda!

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