Sunday, December 6, 2009

Perú [41] :: La resaca del viaje ::



Qué jodidamente difícil es el regreso… desde que el poli de frontera me vio cara de imbécil o de narcotraficante [o simplemente que quería pillar los dólares que me pedía como gabela y que yo no le quise dar, porque se me puso en los cojones no dárselos, y soy un cabezón] hasta este hoy en el aún no duermo bien y sigo intentando procesar todo lo que me ha sucedido, mientras las cosas aquí van de mal en peor… los ‘gringos’ lo tenemos bastante difícil para movernos en esos pueblos en los que somos lo diferente [ahora me puedo imaginar perfectamente la sensación de Youssouph y Malick en su periplo por nuestra tierra]… eres el centro de atención, el objetivo claro a campo abierto… y uno no se siente nada bien en esas circunstancias… de ahí la resaca, pero no solo de ahí… mi mundo ahora ha movido sus parámetros y se muestra confuso, no sé cómo ubicarme, cómo estar, cómo definir mi minuto siguiente para ser fiel a mí mismo.
Todo lo que se me ha quedado metido en la cabeza se revuelve y me empuja en un no saber qué hacer ni cómo, en un enredo de sentimientos, en una necesidad de organizar mis ideas y buscarles las vueltas hasta volverlas a poner en el orden preciso… estoy hecho un lío que mezcla la rebeldía con la necesidad de cierta comodidad pasajera que me está demandando el cuerpo, que mezcla el ardor por hacer con la jodida incapacidad …
De momento solo puedo decir que la vida está siendo muy generosa conmigo, pues me da la oportunidad de ver y decidir, de procesar e intentar… eso es generosidad, pues es algo que le es negado a un altísimo porcentaje de personas y que yo puedo vivir cada día con intensidad y con sensaciones contradictorias [aunque estás sensaciones sean en su mayoría de fracaso]… he sentido el extrañamiento, la lejanía, el gozoso encuentro con un ‘otro’ distinto y distante al que es preciso conocer para ubicarse en el mundo como hombre… y mi fascinación viene fundamentalmente de mi mirada voluptuosa [y también fatalista, lo que la convierte en una bomba de relojería]… y luego está la ‘peripecia’, ese trámite del viaje en solitario que es pura aventura… y, después, el conocimiento, lo más duro de todo, el ver y definir, el enfocar con claridad todo el contraste y darte cuenta de que eres el ser más privilegiado de la Tierra, porque tienes todo eso de lo que los demás carecen… y luego la magia de ese cambio extraordinario de espacio y tiempo que se produce tan solo en trece horas de vuelo, pasar de una sociedad moderna a un tiempo que viviste cuando eras niño, recuperar aquella antigua forma de ser y venderse a los demás, conocer el mundo de quienes solo sobreviven desde la óptica del que ‘vive’, e intentar ponerse en su piel y en su esqueleto… y, quizás lo más importante, el aprender a relativizar justo cuando se pasa el ímpetu de lo mirado… esa sensación larga y hermosa de haberte quedado colgado de otra realidad y el trabajo para volver a situarte en tu mundo, pero con nuevos conceptos, con nuevas ideas y buscando nuevas formas de estar y ser… la resaca del viaje, la jodida y maravillosa resaca del viaje…





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