Wednesday, September 2, 2009

Jodido gazpacho...


Me encierro en mí y camino y cosen las mujeres en la mesa camilla de la ventana mientras la lunática lleva un agujero en la media por la acera con su hilo amarillo… dice a voces, mientras camina sobre el vado, “no aparcar, no aparcar, no aparcar…” y sonríe con su boca de muecas y se rasca las nalgas… “no aparcar, no aparcar, no aparcar”… pasa una auto con prisa y la lúnatica ruge furiosa… “¡nooooooo apaaaaaaarcaaaaaaar, jodeeeer!”… y se saca monedas de no sé dónde y se las tira a los curiosos que osan dirigirle una mirada… “tú eres Morín, el de la Flori, el más malo de tu casa, que te lo comes todo… mierda… mierda… Morín, y tu abuelo el Jesús, que murió manco… eres malo porque siempre miras mal y te vas a morir un día en Correos… no aparcar, no aparcar, no aparcaaaaaaaaaaar…”.
Llegan algunas nubes del noroeste y me desencierro con la esperanza de que afloje la temperatura… trabajo mal en el trabajo y cierro.
A mediatarde, cenita semicampestre para despedir al tío Antonio y a su santa [que ya se van para su Barna residencial, poniendo fin a las vacances]… de primero, gazpacho… y que al olerlo de lejos me dieron nauseas y se me jodió la merienda/cena [de siempre, el olor a gazpacho hecho con tomate y cebolla me ha revuelto hasta dejarme derrotado]… a vomitar [lo hice un par de veces] y a sujetar el estómago como pude hasta las nueve y media [y sin probar bocado… me cago en rus]. Parece que la cosa hizo gracia y casi todos se rieron de lo que me sucedía [a mí me toca mucho los cojones que se rían de mí por estas cosas –que admito que son ridículas– y dije un par de burradas en alto por las que pido disculpas]… Antonio me preguntó si la cosa era para tanto… y yo qué sé, Antoñito, solo puedo decirte que siempre me sucede [imagino que es lo mismo que les sucede a los tipos que ven sangre y se marean… solo que a mí me pasa con el hijo de puta del gazpacho… y nadie me entiende]… así que me fumé tres cigarritos entre eructos y arcaditas, mientras miraba cómo entrenaba el Béjar Industrial al fondo a la derecha, en las instalaciones Roberto Heras.
Me escapé hasta mi estudio después de la cenita fallida y disfruté en el trámite, porque habían bajado unos pocos grados y, aunque con el estómago deshecho, podía respirar.
Antes de acostarme, me tomé un vasito de horchata fresquita… no me entró mal.

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